La reciente variante Ómicron del Sars-Cov-2, actualmente conocido como coronavirus, ya se empieza a encontrar por todo el mundo. Descubierta en África, ya hay casos confirmados en España y recientemente en Canadá. Científicos no han perdido tiempo y directamente se han puesto a analizarlo, descubriendo que cuenta con un número inusualmente alto de mutaciones que le confieren al coronavirus el potencial de ser más transmisible y menos susceptible a las vacunas existentes. Sin embargo, todavía se desconoce mucho de esta nueva variante.
Investigadores han podido encontrar en la nueva variante más de 30 mutaciones en la proteína de la espícula. Dicha proteína es un componente que se encuentra en la superficie del vitus y que permite unirse a las células humanas y entrar de esa forma en nuestro organismo. Algunas muestras, sin embargo, han mostrado que había 50 mutaciones en todo el virus que hasta ahora no se habían encontraro juntas.
Las mutaciones ocurren de manera espontánea durante la reproducción del virus en el cuerpo de las personas. Al ser espontáneas, hay mutaciones que puede que no le confieran ninguna ventaja al virus, aunque hay mutaciones que pueden beneficiarle, al igual que puede suceder que le inhabiliten. Sin embargo, la selección natural y las medidas sanitarias acaban con los virus más débiles, mientras que los mejor adaptados pueden llegar a sobrevivir. La pregunta que surge es, ¿y cómo ha podido sumar todas esas mutaciones beneficiosas para el virus en una sola variante?
Antes que nada, es importante mencionar que, hasta que no terminemos con la pandemia, seguirán produciéndose nuevas mutaciones y variantes. Este proceso es algo inevitable si el virus se encuentra libre. Por ello, cuanto más tiempo se necesite en tener a la población vacunada (a nivel internacional, ya que vivimos en un mundo globalizado) y menos se respeten las medidas sanitarias como llevar mascarilla o mantener el espacio interpersonal, más difícil será detener la pandemia que ha paralizado el mundo por la aparición de más variantes.
Las variantes mejor adaptadas serán las que más se puedan reproducir y más contagiarán. Eso deriva de la ley de supervivencia, en el que el más fuerte logrará sobrevivir. Sin embargo, al confluir varias variantes, puede darse que, además de mutar las distintas cepas del virus cada una por su cuenta, también logren recombinar entre ellas. Puede darse el caso de que dos cepas mutadas con adaptaciones que les provean de ventajas, recombinen y formen una cepa nueva con ambas mutaciones y, por ello, ambos beneficios. De esa forma, y poco a poco, podría darse que una cepa logre sumar todas las mutaciones anteriores en un solo virus. Aunque estadísticamente puede parecer relativamente improbable, cuanto más extendido esté el virus, más puede entrar en contacto con distintas mutaciones, por lo que es importante frenar la expansión.
Según he leído en diversos artículos, la recombinación en los coronavirus, de forma común, se debe a la forma de replicación del genoma. La enzima que replica el material hereditario puede salirse de la cadena de ADN que está replicando y luego volver a unirse. De esa forma, en el momento en el que una célula huésped contenga los genomas de varias cepas distintas de coronavirus, la enzima puede saltar de un genoma al otro. Así se combinarían los genomas y se formaría un virus híbrido fruto de la infección mixta.
Otro tema preocupante con respecto a esta nueva variante es la eficacia de las vacunas. Expertos esperan que las vacunas proporcionen una cierta protección a la variante ómicron. Esto puede deberse a que, si las vacunas reconocen una cierta mutación en el virus, y la variante ómicron reúne muchas de las mutaciones que se han ido dando a lo largo de la pandemia, las vacunas reconozcan esa misma mutación en la nueva variante. No obstante, se están realizando experimentos y controles que denotan que la protección de las vacunas comienza a descender a partir de los seis meses de haber recibido la pauta completa. Por lo tanto, no estamos solamente expuestos a las mutaciones que se dan continuamente en el virus, sino también a la descendiente protección.
Aunque se intenten tomar medidas como confinamientos y dosis de refuerzo de las vacunas, la recombinación y la variabilidad del Sars-Cov-2 es inevitable. A la conclusión a la que he llegado es que, a pesar de ello, cuantos más impedimentos pongamos a frenar la pandemia, más recombinación va a darse y más trabas pondremos como sociedad a la ciencia. El buen trabajo de haber sacado las vacunas en poco tiempo se destroza con el cansancio de la población y de los movimientos negacionistas de parte de ella, los cuales solo favorecen la recombinación en el virus y la aparición de nuevas cepas más peligrosas.