Los transposones son pequeños fragmentos de nuestro genoma cuya característica más conocida es que pueden moverse (es decir, transponerse) por el genoma de manera aleatoria. Los transposones se pueden subdividir en transposones de ADN y transposones de ARN, estos últimos también conocidos como retrotransposones.
Los transposones de ADN, que se consideran transposones del tipo «cortar y pegar», tienen la capacidad de extraerse a sí mismos e insertarse en el genoma. Los transposones de ARN también se consideran transposones del tipo «copiar y pegar» porque las transcripciones de ARN son retrotranscritas por sus propias enzimas y los fragmentos de ADN resultantes se insertan en el genoma.
Los organismos vivos han permitido la interacción de los transposones porque la transposición de los transposones a menudo es ventajosa, sin embargo, muchas veces pueden transponerse en segmentos del genoma provocando que se desestabilice el ADN y ocasionando pérdida de funcionalidad.
Sin embargo, investigadores japoneses estudiaron una vía a través de la cual se pueden inactivar y por lo tanto “silenciar esos genes que se transponen”, que se denomina la vía Piwi-piRNA (Mecanismo de silenciamiento de transposones dependiente de ARN interactuante con PIWI, se trata de una familia de proteínas que regulan la actividad de los elementos transponibles y proteger el genoma)
Esta vía de silenciamiento de transposones dependiente de piRNA es una forma de silenciamiento génico mediado por ARN pequeño (miRNA), una vía reguladora para suprimir y controlar la expresión génica. En esta vía, un pequeño ARN guiada por las proteínas Argonauta (se unen al RNA para dirigir los transcritos génicos mediante emparejamientos de bases ARN−ARN). El complejo RNA pequeño−Argonauta se conoce como el complejo de silenciamiento inducido por RNA (RISC en inglés). El RISC evita la transcripción de genes, alterando la cromatina mediante modificaciones de histonas y/o metilación del ADN.

Figura 1: Mecanismo de silenciamiento de genes.
Estos nuevos descubrimientos son muy prometedores ya que dejan muchas líneas de investigaciones abiertas y por explotar como: intentar replicar los experimentos con modelos más complejos e intentar combinarlo con otros intentos de extender la vida como la hipótesis del funcionamiento de las telomerasas de la Dra Blasco.
Yamashiro, H., & Siomi, M. C. (2018). PIWI-interacting RNA in Drosophila: Biogenesis, transposon regulation, and beyond. Chemical Reviews, 118(8), 4404–4421. https://doi.org/10.1021/acs.chemrev.7b00393
Martínez-Juárez, P. (2023, noviembre 3). Se llaman “genes saltarines” y están entre los responsables de que envejezcamos. Ahora estos científicos quieren pararles los pies. Xataka. https://www.xataka.com/medicina-y-salud/genes-saltarines-uno-culpables-que-envejezcamos-pueden-tener-secreto-para-mantenernos-jovenes



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